Antes de la conquista de Madrid, el tipo de comida que aquí se tomaba era muy similar a la del resto de las zonas ocupadas por los árabes. En realidad era una cocina bastante variada, con la leche, miel, dátiles, y cómo no, pasta de sémola que era el ingrediente fundamental del cuscús.

Pero con la entrada de los reinos cristianos, la cocina de Madrid fue cambiando lentamente hasta que en 1561, el rey Felipe II la designó como capital de España. Esto duplicó la población, al tiempo que empezó a definir el rasgo más singular de la gastronomía madrileña, que era la existencia de una cocina popular y otra destinada a la nobleza.

Así continuó hasta el siglo XIX, cuando surgen las tabernas  y los primeros restaurantes modernos. Todos ellos conformaban el panorama gastronómico de Madrid. Surgen platos como el cocido, el potaje de vigilia, los bartolillos, los callos, los calamares rebozados…

También hay estudiosos del tema que indican la gastronomía madrileña proviene de la cocina manchega que, a su vez, proviene también de la cocina musulmana, pero esto aún no está claro.

Otro característica de la cocina de Madrid es su adaptación a platos de de otras regiones de España. Eso surgió por la emigración masiva que observó la ciudad a principios del siglo pasado. Esto no se ha perdido, sino que ha dado lugar a lo que conoce como “cocina de fusión” que forma parte de la oferta gastronómica de muchos locales madrileños.

De todas formas, en El Anciano Rey tratamos de mantener ese espíritu que ya apenas puede encontrarse. Por eso nos empeñamos cada día en mantener el ambiente de las tradicionales tabernas madrileñas que puedes venir a disfrutar cuando quieras. Y por supuesto en nuestra carta podrás encontrar la mayoría de los platos típicos de la cocina de nuestra ciudad.